Tengo 73 años. Vivo sola, pero nunca me siento sola. Mis 4 mejores consejos

Muchas personas creen que llegar a cierta edad y vivir solo es sinónimo de tristeza, silencio o abandono. Yo tengo 73 años, vivo sola desde hace tiempo, y puedo decir algo con total honestidad: nunca me siento sola. No porque tenga gente todo el tiempo a mi alrededor, sino porque aprendí a vivir de una forma distinta. Estos son mis cuatro mejores consejos, nacidos de la experiencia y no de los libros.
1️⃣ Aprendí a disfrutar mi propia compañía
El mayor error es pensar que la soledad es algo que hay que combatir. Yo entendí que primero debía hacer las paces conmigo misma. Tomar un café en silencio, leer sin interrupciones, caminar a mi ritmo, pensar sin apuro… todo eso dejó de ser “estar sola” y pasó a ser estar conmigo. Cuando te llevas bien contigo, la soledad deja de asustar.
2️⃣ Mantengo rutinas pequeñas, pero sagradas
No necesito agendas llenas. Necesito rituales simples:
- Levantarme a la misma hora
- Arreglarme aunque no salga
- Cocinar algo rico solo para mí
- Salir a caminar todos los días
Estas rutinas le dan estructura al día y hacen que el tiempo tenga sentido. El desorden no es libertad: muchas veces es lo que más nos hace sentir vacíos.
3️⃣ Cuido mis vínculos, pero no dependo de ellos
Hablo con mis hijos, con amistades, con vecinos. Pero no espero que nadie me complete. Comparto desde la elección, no desde la necesidad. Si hoy nadie llama, no pasa nada. Mañana llamaré yo. La conexión humana es importante, pero la dependencia emocional es una carga que envejece el alma.
4️⃣ Siempre tengo algo que esperar
Puede ser algo pequeño: una planta que crece, un libro nuevo, una receta por probar, una serie, un paseo, aprender algo distinto. La ilusión no tiene edad. Cuando tienes algo que esperar, el día no pesa y la noche no se siente vacía.
🌱 Reflexión final
Vivir solo no es estar solo.
La verdadera soledad aparece cuando uno se abandona por dentro.
A los 73 no necesito ruido para sentirme acompañada. Necesito paz, propósito y respeto por mi tiempo. Y eso, curiosamente, me hace sentir más acompañada que nunca.



