Amor, te extraño

Cuando mi marido estaba ocupado preparando la cena, su celular vibró sobre la encimera.
No iba a mirar… pero el nombre brilló en la pantalla.
Mi mejor amiga.
El mensaje decía:
—“Amor, te extraño muchísimo.”
Sentí cómo el estómago se me cerraba. Las manos me temblaban.
Tomé el teléfono. Dudé solo un segundo.
Y respondí.
—“Entonces ven aquí. Mi esposa acaba de salir.”
Apagué el celular y me senté.
El corazón me golpeaba en el pecho como si quisiera escapar.
No pasaron ni quince minutos cuando sonó el timbre.
Mi marido seguía en la cocina, tarareando, sin sospechar nada.
Abrí la puerta.
Ahí estaba ella.
Con una sonrisa que se le borró en el mismo instante en que me vio.
Se quedó pálida.
—¿Tú…? —balbuceó— Yo pensé que…
—¿Que no estaba en casa? —terminé la frase por ella—. Pasa. Tenemos que hablar.
Entró despacio, como quien camina hacia una confesión inevitable.
Mi marido apareció desde la cocina, con el delantal puesto.
—Cariño, ¿quién es? —preguntó.
Ella lo miró.
Luego me miró a mí.
Y empezó a llorar.
No hubo gritos.
No hubo escándalo.
Solo una verdad que ya no podía esconderse.
Esa noche no perdí a un marido.
Perdí a una amiga.
Pero gané algo más importante:
la certeza de que merecía algo mejor que una traición doble.
Y mientras ella se iba, supe algo con total claridad:
💔 Algunas personas no llegan a tu vida para quedarse…
sino para enseñarte cuándo cerrar la puerta.



